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Miércoles 21 de mayo de 2003 Año I, Número 2
Adelanto I
Radiohead: Hail To The Thief
Envuelto en un halo de misterios y rumores que incluyen la circulación de copias supuestamente "falsas" en formato mp3 aparecerá en breve el esperado nuevo disco de Radiohead, Hail To The Thief. Aprovechamos la oportunidad para ofrecer un resumen de los diez años de historia de la banda, estudiar su evolución y dar dos puntos de vista antagónicos sobre el nuevo trabajo.
Si alguien en el año 1993 hubiese mencionado la remota posibilidad de la aparición de una canción como Sit Down.Stand Up en un disco de Radiohead, nadie habría tomado la idea con seriedad.
Por aquellos días, Pablo Honey - primer disco de la banda - había pasado absolutamente desapercibido y recibido tibias críticas, y mas allá de una buena canción como Creep - que sorprendía más por interpretación que por estructura – muchos supusieron, justificadamente y por experiencia, que estaban intentando venderles otra banda de chicos tristes que desaparecería luego de hacer algún buen dinero gracias a un disco apenas bien producido.
La aparición de The Bends, dos años más tarde, sorprendió a esa misma gente en una posición de indefensión ante una catarata de elogios con respecto a la placa. Escuchándolo se comprobaba cuánto habían evolucionado estos cinco estudiantes universitarios de Oxford a los que alguna gente había puesto en la categoría de los intrascendentes. Tanto el tema que titulaba el disco, así como Fake Plastic Trees, My Iron Lung o Sulk, hacían notar tanto la coherencia que dominaba los doce tracks como la abismal diferencia entre el disco debut y este.
Con este antecedente, OK Computer - para muchos su trabajo cumbre – hizo que el mundo se rindiese ante su grandeza y no dejara de pensar, hasta hoy día, que a partir de su edición en 1997 existe un antes y un después en la forma de escuchar y de hacer música, si de rock se trata. Nada de “rock sinfónico rejuvenecido”, como se lo suele definir cayendo en una simplificación. Quizás lo más aproximado a ese enfoque sea el increíble Paranoid Android por sus cambios constantes, su complejidad vocal y su paso abrupto de la placidez a la tormenta, aunque casi nada de eso aparece con tanta fuerza en el resto de la placa. Inclusive, existen contrapartidas que echan por tierra ese argumento: el salvaje Electioneering, el single Karma Police (una balada anémica y despojada) y la gran canción de la lista que es Exit Music (For A Film), con su grandilocuente y emotiva arremetida final.
Se podría decir que la importancia de OK Computer reside en el clima general y la temática, el encadenamiento evidente y perfecto de ideas que conducen a un abismo. Internet, la tecnologización extrema, la automatización de los actos cotidianos, la cantidad y variedad de canales de comunicación entre individuos, el paradójico aislamiento en que deriva esta superabundancia y la teoría final esbozada en el disco: la de la “soledad moderna”. Es éste el primer disco tecno – o debería decirse tecnológico - del rock de guitarras que, sin embargo, apela en forma moderada a esa tecnología para plantear su tesis.
Si de tecno, electrónica, ambient o cualquiera de sus variantes hablamos, Radiohead da un doble paso hacia esos terrenos recién en Kid A en el 2000 y Amnesiac al año siguiente. Dos álbumes casi imposibles de tomar separadamente y que de hecho provienen de las mismas sesiones de grabación. Los recursos electrónicos son explotados en ambos al máximo. Desde bases secuenciadas al borde de la pista de baile (Idioteque) o de una frialdad casi ajena al rock (Pulk/Pull Revolving Doors), climas en su expresión absoluta (Treefingers) y hasta en construcciones post-rock con citas a pioneros como Dif Juz o sus sucesores - reinventores de Chicago (In Limbo).
Quedaba demostrado con ese desconcertante par de trabajos que las inquietas mentes de Thom Yorke y camaradas no se satisfacían fácilmente. Que en cualquiera de sus facetas les surgirían cientos de imitadores (¿en qué andarían Coldplay o Muse sin Radiohead?), y que este golpe de timón, absolutamente inesperado para una banda consolidada, no sólo los enriquecía musicalmente sino que significaba un corte de manga a la difusión radial, a las giras de promoción, a los insoportablemente amables cortes de difusión y a la popularidad en general. Con todo esto, el éxito de ambas placas fue grande y nadie se animó a hablar de traición ni a aplicar palabras remotamente similares. Lo único que muchos extrañaban, casi desde lo afectivo, era la sensiblemente menor participación de un guitarrista de excepción como Jonny Greenwood.
Llegando a esta primera mitad de 2003, previo lanzamiento del vivo I Might Be Wrong, cuando todos se preguntaban qué mares estaría surcando la banda y qué más podría llegar a hacer - tanto para revalidar su ya inamovible lugar entre las grandes e influyentes como para mantener su elevado nivel artístico - llega Hail To The Thief, un disco que ostenta la extraña virtud de ofrecer algo diferente para cada gusto.
Para más detalles, siguen dos opiniones contrapuestas. Ambas, de nuestra redacción.

Radiohead, Hail To The Thief (2003, EMI)
El trono vacante
La prosecusión de la originalidad ha dejado de ser algo original desde hace mucho tiempo. Los últimos destellos de originalidad (no hablo de tecnología sino de arte) ocurrieron dentro de los años sesenta. Ahora más bien tiene que ver con lo banal. Ser original porque sí, sólo esconde una patética falta de otras ideas, tamaña falta de cuerpo y contenido. Pensaba y me enredaba en estos pensamientos mientras durante el último fin de semana me lo pasé escuchando el nuevo disco de Radiohead. Que es un buen disco. Está muy bien grabado. Tiene sonidos muy lindos. Y ya. Seis puntos, a todo trapo. La voz de Yorke me cansa, todo el tiempo cantando igual, monótona y repetitiva. Ni siquiera funciona como un mantra, ni es una actitud minimalista. Como si no tuviera otra posibilidad que repetirse. Las ¿canciones? naufragan entre el tan cacareado vanguardismo de Kid A y los temas más atronadores de OK Computer. Es como si esta banda se hubiera dicho a si misma: “a ver ¿qué nos falta hacer?...¿y si mezclamos algo de lo que ya hicimos?”. Y así les salió este disco.
En algún momento, allá por el tema seis, insinúan un pequeño alarde de actitud con guitarras acústicas. Pero todo vuelve a la normalidad ya en el siguiente track. Es todo muy depresivo, como si Thom y sus chicos tuvieran necesidad de colgarse ellos mismos la cucarda de “grupo más bajoneante del planeta”. Para mí, los Radiohead perdieron el rumbo, algo que ya no podían ocultar en sus anteriores trabajos. De tanto gustarle a los periodistas “especializados”, Radiohead terminó trabajando para esos periodistas. Se convirtieron en una (mala) fórmula que sólo pretende generar buenas críticas alumbradas a la luz del exotismo más abyecto. Por allí aparecen unas palmas orgánicas (humanas) que me recuerdan por algún motivo a esos zombies de las películas Clase B. Y es de lo más vanguardista que pueda escucharse en este disco. Imaginen el resto.
Los tres primeros trabajos de Radiohead nos hicieron creer que estábamos ante la presencia de una verdadera mosca blanca del pop. Los últimos tres desbarataron el espejismo de un solo golpe.
Pero todo tiene su costado extraño. Las causas que los llevaron a abandonar aquel pop guitarrero, con acústicas y buenos coros no me quedan muy claras. A partir de que no me creo mucho eso de que tomaron para un lado más vanguardista. Pero el asunto es que le dejaron vacante el trono a muchos otros grupos que inmediatamente se posicionaron con diversas propuestas. De las cuales la más original me parece la de Coldplay, desde ya. Precisamente, a la tercera escucha de este disco de Radiohead me quedé pensando en lo aburridas que estarían sus novias mientras ellos grababan esta sarta de imprecisiones sonoras para quedar bien con la nación alternativa. Y no pude evitar reirme para mis adentros concluyendo que Chris Martin pudo haberse ofrecido gustoso a consolarlas. Después de todo el chico tiene con qué. Digo... una voz maravillosa.
Radiohead no me movió ni una sola fibra interna con este nuevo trabajo. Y eso es un indicio decisivo, por lo menos en mi jerga. Repito: el disco está bien. Toda mi casa está abarrotada de discos que están bien. Los otros, los pocos que me mueven la maquinaria emotiva, sólo necesitan de un par de estantes. Bueno, allí no reposa este disco de Radiohead. Para que lo sepan.
Una exposición de versatilidad
Tomando a OK Computer como su obra capital, debo decir que Hail To The Thief se encuentra tan lejos de ese disco como de Amnesiac, y afirmar que se queda a mitad de camino. Conviene aclarar que esta frase no va en desmedro de la nueva entrega, porque “a mitad de camino” es en este caso sinónimo de “un inteligente equilibrio”. Para quienes pedían a gritos la vuelta de las guitarras nada mejor que ir directamente a escuchar Go To Sleep o There There, aunque no sean los únicos tracks donde las vamos a hallar. Por su lado, el que busque una extensión de Amnesiac puede comenzar probando con Backdrifts o decididamente apuntar a The Gloaming.
Dejando los blancos y los negros en su lugar evidente, lo más interesante de este disco se encuentra en los matices, ahí tenemos a Sit Down. Stand Up, una engañosa cabalgata comandada por un tímido piano que crece hasta culminar en un hipnótico desenfreno mitad sangre mitad máquina, o el doloroso We Suck Young Blood, que se desliza rítmicamente apoyado tan sólo en palmadas y nos deja esperando un despegue que nunca se concreta. Por otra parte, si a alguien le cabe todavía alguna duda sobre la calidad vocal de Thom Yorke no hay más que escucharlo en I Will, con la única compañía de una guitarra solitaria. Otros puntos altos son dos temas absolutamente opuestos: el impactante e histérico Myxamatosis y el extraño cierre de álbum que es A Wolf At The Door, armado sobre un archiconocido fraseo, formas vocales expresivas desde los tonos graves y un aire tan familiar que nos recuerda a muchas otras canciones, aunque curiosamente a ninguna del quinteto.
Se supone que en todo comentario de un disco, quien opina debe dejar respondida la pregunta básica (si gustó o no) y, en este caso, no dudo en decir que el disco me dejó plenamente satisfecho. Catorce canciones sin interconexión entre sí, independientes y que funcionan bien por sí mismas. Una exposición de versatilidad compositiva, instrumental e interpretativa. Y todo esto ya es bastante, sobre todo teniendo en cuenta que no se puede hacer una obra maestra, revolucionaria, cada dos años.
 
Discografía completa:
Pablo Honey (1993, EMI)
The Bends (1995, EMI)
OK Computer (1997, EMI)
Kid A (2000, EMI)
Amnesiac (2001, EMI)
I Might Be Wrong (2002, EMI)
Hail To The Thief (2003, EMI)
Hail To The Thief (2003)
Pablo Honey (1993) The Bends (1995) OK Computer (1997)
Kid A (2000) Amnesiac (2001) I Might Be Wrong (2002)
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