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Miércoles 21 de mayo de 2003 Año I, Número 2
Discos
   
Las Pelotas
Blur
Smog
Axel Krygier
Flopa Manza Minimal
Las Pelotas: la herencia genuina
Las Pelotas
Esperando el milagro
(Silly/DBN, 2003)
A casi cuatro años de Todo por un polvo - años durante los cuales sólo editaron un compilado originalmente pensado para el mercado chileno, tiempo durante el cual circularon rumores de separación - el tándem Sokol – Daffunchio regresó en su mejor forma con Esperando el milagro.
Los “chicos” - así los llamó alguien en la desopilante conferencia de prensa de presentación del disco - a pesar de la imagen traviesa y adolescente que jugaron en esa ocasión (a cada una de las preguntas respondieron... nada...) han madurado, han crecido artística y musicalmente.
Y si bien en Esperando el milagro reaparecen corregidas y aumentadas las obsesiones temáticas de la banda en forma de ironía (Si sentís), como visión desolada y escéptica de la realidad (Desaparecido, Esperando el milagro) o con toda la bronca (Tiempo de matar); el amor parece haber ganado un espacio con el que antes no contaba. Aunque - no podía ser de otro modo - es el amor que duele, el que se sufre. Para probarlo sólo alcanza con escuchar Abejas – a mi juicio el mejor tema del disco – un lamento hecho balada donde Sokol pide “el amparo de un abrazo” con ternura y conmovedora tristeza rematado magistralmente
- en el estilo del The Great Gig in the Sky de Floyd - por la voz de la invitada Claudia Canga.
Musicalmente, Esperando el milagro también aporta novedades. Todo el disco está construido sobre las bases electrónicas tejidas por Sebastián Schachtel – notable también en el rol de productor artístico - responsable del aire estéticamente renovador que atraviesa todo el trabajo y que tiene su broche en Puede ser, un tema que puede sonar insólito por su ortodoxia tecno.
Las Pelotas, con 14 años de historia y 7 discos en su haber, desde la independencia a ultranza y el bajo perfil, por evolución artística y actitud, parecerían ser los más genuinos herederos de aquella legendaria banda que sus frontmen - Sokol y Daffunchio - como miembros fundacionales, contribuyeron a construir en un pueblito de Córdoba hace más de 20 años.
Claudio Angelotti
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Blur
Think Tank
(Virgin, 2003)
Había recibido montones de comentarios de amigos acerca del nuevo CD de Blur, y también había leído mucho sobre Think Tank. Que el disco era genial, que era una porquería, que era un álbum sin hits, que ponía de manifiesto las últimas obsesiones de Damon Albarn en cuanto a sus gustos musicales (dub, hip hop, música marroquí), que era una placa de Blur “post Gorillaz”, etcétera.
La cuestión es que nadie me dijo algo que es obvio (quizás por eso esta omisión): Think Tank, pese a que esta firmado por Blur, es el primer disco solista de Albarn, ya que el carilindo toma las riendas de la banda tras la ida del guitarrista Graham Coxon. Y es su “debut” en solitario, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Lo bueno pasa por el riesgo que toma el cantante, yendo un paso más allá en cuanto a investigación sonora para una banda que es, sin ninguna duda, mainstream; y por su voz, que está en su mejor momento. Lo malo es la ausencia de Coxon, que le resta puntos al grupo en cuanto a intensidad sonora (recordar Music is my radar, el antecedente Blur al sonido de Gorillaz, y pensar como podría haber sido utilizado el violero en este contexto), y los temas producidos por Fatboy Slim y William Orbit, que “engrasan” el sonido, dotándolo de una tremenda falta de buen gusto (algo esperable para estos dos productores hiper hypeados, uno de ellos abanderado del techno hooligan. ¿Por qué no llamar a Dan The Automator?).
Think Tank no es ni tan bueno como proclaman sus defensores ni tan malo como dicen sus detractores. Es un disco polémico, que no está a la altura de Modern Life is Rubbish, aún hoy la mejor placa de Blur. Y en cuanto a la polémica se lo podría comparar con We Love Life de Pulp, que cuando se supo que sería producido por Scott Walker hacía pensar al público en un Jarvis Cocker cantando con una instrumentación similar a la de Scott 4. Pero a Walker sí que le gustan los riesgos y optó por una variante más cercana a Climate of Hunter; y Damon Albarn no tiene, ni por asomo, la pluma del hombre de Sheffield.
Pablo Strozza
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Smog
Supper
(Drag City, 2003)
Otra entrega del proyecto unimembre de Bill Callahan, luego de un extrañamente inactivo 2002 en el que sólo ofreció Accumulation None, un compilado de reversiones, lados B y rarezas.
Sin apartarse de la recta línea que sigue desde The Doctor Came At Dawn (1996), cuando decidió abandonar la experimentación - y desprolijidad – en la que venía embarcado, Supper puede obrar como un exquisito resúmen de los útimos seis años de la discreta y persistente carrera de Smog.
Uno de los cantantes que hace de sus carencias vocales tanto un recurso expresivo como un sello inconfundible, siempre rozando la palabra hablada, Callahan abre y cierra el disco con dos amenas y esqueléticas baladas (Feather by Feather y A Guiding Light), la primera de ellas cantada a dúo con Sarabeth Tucek y abundante en guitarras de acero, la otra más oscura y sufrida en solitario. El rock directo aparece rápidamente con Butterflies Drowned In Wine, de atípica estructura y también en compañía de la Tucek, Morality, uno de los tracks más guitarreros y crudos de la larga discografía de Smog, y Ambition, más reposado pero con el mismo soporte de electricidad convencional. El Callahan en plan tranquilo e íntimo regresa con el casi country Vessel In Vain, el extenso Truth Serum – otra vez a dúo – y Our Anniversary, un emotivo canto a la fidelidad.
El número inesperado y atípico de la placa es sin dudas Driving, una de las arriesgadas apuestas que, con resultados diversos, a menudo realiza Callahan: batería jazzera sincopada, guitarra y banjo enredados, voces dobladas y con resonancia y, por si no alcanzara con todo, ruido de fuegos artificiales.
Desde hace mucho Bill Callahan se ha convertido en referente para músicos extranjeros que gozan inclusive de mayor notoriedad que él y ha sido últimamente citado como influencia por ciertos artistas locales. Quizás las características que pocos han destacado de Smog sean su honestidad y su coherencia, escasas en estos tiempos de supuestas grandes estrellas.
Mario Bozeglav
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Axel Krygier
Secreto y Malibú
(Los Años Luz, 2003)
Si bien Secreto y Malibú en un trabajo acotado a su razón de ser - es la banda de sonido compuesta para la creación colectiva homónima de teatro-danza - es también la excelente oportunidad de reencontrarse con Axel Krygier, multiinstrumentista y talentoso compositor que en el 99 dió uno de sus mejores discos a la música popular con Echale semilla!, disco editado también por Los Años Luz.
Para quien no lo conoce, Krygier cuenta con el antecedente de haber formado parte de bandas como La Porturia, de haber compuesto el tema principal para la miniserie televisiva Okupas (tema que, con otro arreglo, está incuído también en Secreto y Malibú) y de haber aportado algunos de sus composiciones a las bandas de sonido de cinco largometrajes.
Decía que Secreto y Malibú es un trabajo acotado - tanto en duración como en sus márgenes creativos - respecto a Echale semilla!, pero eso no le resta riqueza en lo más mínimo. Incluso llega a alcanzar algún momento especialmente brillante en Vuelo (uno de los pocos temas donde Krygier no toca todos los instrumentos) donde lo acompañan, en un reencuentro soñado, sus ex camaradas Kevin Johansen y Christian Basso, a los que se les suma la guitarra "perica" de Juanchi Baleirón. Un equipo que daría gusto verlo jugar un partido completo.
C. A.
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Flopa Manza Minimal
Flopa Manza Minimal
(Azione Artigianale, 2003)
Saludable esfuerzo el de esta Unión Transitoria de Empresas para rescatar un formato hace largo tiempo abandonado por el rock local. Un regreso a las fuentes de la canción de generación pop y aires campestres con antecedentes en los tempranos 70 de la mano de Spinetta, de León Gieco, de Sui Generis, de Gustavo Santaolalla y, ¿por qué no?, del ampliamente defenestrado Raúl Porchetto.
Flopa (Florencia Lestani - Barro), Manza (Mariano Esaín - Menos que Cero) y Minimal (Ariel Minimal - Pez) desenchufaron temporariamente sus eléctricas bandas para encarar en plan acústico (en la mayoría de los temas) este proyecto con resultados francamente excelentes. Doce canciones (salomónicamente distribuidas en lo compositivo a razón de cuatro por testa), adorables melodías, cuidados arreglos vocales, buena poesía en las letras (sorprende su homogénea calidad, teniendo en cuenta lo individual de ese aspecto creativo) y algún Rhodes disparando viejas imágenes...
No es poco.
C.A.
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Sumario
editorial
   Condenados
entrevista
   Hilda Lizarazu
   Lalo Mir
anticipos
   Radiohead
   Super Ratones
perfiles
   Legendary Pink Dots
   Nacho Vegas
discos
   Las Pelotas
   Blur
   Smog
   Axel Krygier
   Flopa Manza Minimal
shows
   P. O. Reincidentes
   Sergio Pángaro
cine
   Entre sagas y remakes
lecturas
   Patricia Highsmith
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