Cajas de música difíciles de parar
(Limbo Starr/ 2003)
La trayectoria de Nacho Vegas es casi
impecable, pese a su juventud - nació en el 74
-, ya que es un activo animador de la escena de Asturias
y de España toda, hace ya unos cuantos años.
Primero integró Eliminator Jr. para
luego dar vida, junto a su hermano, a Manta Ray,
uno de los grupos mas creativos del llamado “Xixon
Sound”(Sonido de Gijón) de principios de
los 90. Un auténtico carnet de identidad de una
generación de músicos que todavía
sigue dando que hablar.
Allí encontrábamos a grupos históricos
como Australian Blonde y Penélope
Trip, entre otros artistas, cuya herencia hoy en
día el propio Vegas, como solista,
y bandas como Nosotrash y Mus, se
encargan de revitalizar.
Constantemente comparado con solistas y grupos de evidente
influencia en su música, Nacho Vegas,
al cabo de unos pocos trabajos solistas, comenzó
a forjar un lenguaje propio que lo hizo distanciarse
de aquellos a quienes admira.
Es posible que su sonido remita a Leonard Cohen, Nick
Drake o Bob Dylan, pero la intensidad de las canciones
de su último trabajo, augura que pronto estaremos
hablando de una generación de músicos
influenciados por él.
Cajas de música difíciles de parar
es nada menos que un disco doble, de muy cuidada
edición, donde a través de 20 canciones
atravesamos el imaginario poético, lírico
y musical de un artista en su etapa más madura
de creación.
Un envío doble podría haber sido una exageración
(luego de un CD, un EP y un split compartido con la
etérea Aroah), pero se convierte en
la dosis justa de música. Y de haber sido más,
no molestaría. Algunos altibajos parecen necesarios
en el largo trayecto sonoro de Cajas....
Una extraña y delicada manera de manejar lo escatológico
en su lírica, nos lleva por imágenes impensadas,
acompañados por una voz que siempre parece estar
al borde de la queja, del dolor, del lamento, pero que
al final suena extrañamente esperanzadora.
Para destacar: En el jardín de la duermevela,
un lugar duro y oscuro que ya forma parte del mundo
Vegas y que es quizás la manera
de comprender este disco y sus trabajos anteriores.
Sutiles colaboraciones de la indómita Thalia
Zedek, Beatriz Concepción (coterránea
y guitarrista de Nosotrash) y J de los ascendentes
Los Planetas, más el aporte ajustadísimo
de su banda, que ahora se llama Las Esferas
Invisibles, hacen de este trabajo uno de los
mejores publicados en España desde comienzos
de siglo.
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