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Junio de 2004 Año II, Número 7
Lecturas
La disparition (¿por qué volvió la "e" de Perec?)
La disparition de Georges Perec fue misteriosamente profanada. A 36 años de su primera edición, la novela capital de uno de los mayores literatos de la Francia de segunda mitad del siglo XX, -un texto famoso por excluir de sus 300 y tantas páginas la letra más frecuente en el idioma francés- volvió a hacer hablar a los críticos. La vocal maldita se escurrió misteriosamente dentro de la última edición de esta ficción inquietante. The Howl espió por la cerradura de una de las mayores editoriales del mundo para develar el misterio oculto tras tan sorprendente regreso.
por Pablo Calvi
La disparition - Ed. Gallimard¿Usted llama por la "e"?... pregunta Valentine Parent. En el número 5, rue Sébastien-Bottin, ya pasaron algunos minutos del horario de salida. Recién empieza febrero y detrás de las ventanas se despliega una tarde líquida. Los dos pisos de la editorial Gallimard, una de las más prestigiosas en Francia, están desiertos. Sólo Parent, una asistente de prensa, atiende al teléfono casi en secreto, y en el carraspeo se le notan las ganas de escapar cuanto antes.
- ...Sí, ¿no? La "e" de Perec...ejem... esa que apareció en la última impresión [de La disparition]. No es nada ...ejem... un error de fabricación, de imprenta, no hay mucho más que eso. Es casi gracioso... -agrega un par de datos menores y cuelga. Pero algo resuena con la claridad de una trompeta. El error existe.
"Sí, hay una falla..." La afirmación rebota como electricidad en el cable del teléfono. Es tan sorprendente como extraña. Una figura prohibida se infiltró en el texto de La disparition. A 36 años de su primera edición, la novela escrita por completo sin la letra "e" fue misteriosamente profanada. Alguien -y nadie dirá quién- cometió lo innombrable: deslizó y ocultó la vocal maldita entre las 300 y tantas páginas de uno de los más curiosos y controvertidos trabajos de Georges Perec.
La primera luz roja la encendió el crítico y escritor Sébastien Bailly el 14 de octubre de 2003. En la página 119 de la reimpresión, en el cuarto verso de "Booz assoupi", reescritura del célebre poema de Victor Hugo, Bailly desempolva: "Booz dorme non loin du groin qu'on amassait", en lugar del "dormait" (1), que debería figurar en el texto perecquiano. Atónitos, horrorizados y curiosos, los fanáticos del autor francés más original de la segunda mitad del siglo XX (muchos congregados en la Association Georges Perec), se volcaron en masa sobre el texto de 1968. La consigna: desenterrar todas las "e" que fuese posible encontrar. Tan sólo nueve días después, el 23 de octubre, Shannon Clute, otro fan, descubre una segunda "e" engarzada como un improbable rubí en la anteúltima línea de la página 53, también de la flamante edición de Gallimard. "Un bourdon? s'intrigua Dupin qui, à coup sûr, ignorait le signification du mot", puede leerse allí, en lugar del gramaticalmente correcto "la signification" (2), como figura en el original. La tercera profanación fue la piedra del escándalo. Un tal Frédéric Schmitter avistó la gota que derramaría el vaso en la página 235: "Chacun scruta Yvon qui, non sans un sang-froid colossal, allume son chibouk ", por el "alluma" (3) que se leía en ediciones anteriores.
A fines de febrero de 2004, pocos días antes del 22 aniversario de la muerte de Perec -que ocurrió el 3 de marzo de 1982-, la última tirada de este texto signado doblemente por los desvanecimientos desaparece de las librerías parisinas. Sólo quedan en circulación algunas decenas de los ejemplares profanados. "Destruimos la tirada defectuosa", asegura en un e-mail a The Howl Yvon Girard, directora de prensa de Gallimard. "Como decimos en francés, no es necesario pegarle al gato. Una nueva tirada sin errores ya está disponible en las librerías". Pero la reticencia de la editorial a dar mayores explicaciones sólo logró avivar el fuego de la especulación, una actividad para la que los perecquianos son siempre materia dispuesta.

(1) "Booz duerme no lejos del grano que amasaba", en lugar de "dormía".
(2) "Una omisión? Se preguntaba Dupin quien de seguro ignoraba la significación de la palabra", por "el significado".
(3) "Todos miraron a Yvon quien, no sin una sangre fría colosal, enciende su pipa", por "encendía".

La página 119
La historia de un
secuestro programado.
Vayamos un poco más atrás. En 1968 Perec escribía contra reloj. Con los ojos verdes ahumados por los gases de la revuelta estudiantil de mayo, trabajaba inagotable en su casa de la rue du Bac, en la 7ma. circunscripción de París, en una obra que lo alejaría de la imagen que él se había forjado de sí mismo: la de escritor-sociólogo. Ya había sido reconocido con el premio Renaudot en 1965 por su primer novela, Les choses (Las cosas), un texto que describe en tono realista, casi objetivista, la naciente sociedad de consumo francesa de los años sesenta. Desde 1967, considerado una de las mayores promesas de la literatura europea, se codeaba con Raymond Queneau, Italo Calvino, Marcel Duchamp y otros colegas escritores y artistas en el OuLiPo (ouvroir de littérature potentielle), en busca de una renovación literaria que partiese de las restricciones, de la imposición de una serie de reglas para la composición. Perec no tenía dudas de que su primer aporte a esa revolución sería La disparition.
"Para escribir La disparition, debí cambiar mis horarios", recordaba el escritor de cabello crespo, apenachado, durante una entrevista con su par mexicano Jorge Aguilar Mora, en 1974. "Durante un año trabajé a razón de ocho horas por día, a seis líneas por hora, para terminarla. Sólo cortaba para bajar a la calle a participar de los sucesos de mayo". En aquel tiempo, evocaría también Perec, hasta logró encontrar un cierto placer en escamotear la "e" de sus escritos. Como sistema de censura, la prohibición le abría las puertas de lo novelesco.
La disparition llegó a las librerías promediando abril de 1969. Su éxito, sin embargo, no fue el que Perec esperaba. La mayoría de los grandes críticos del momento desestimó al texto por trabajoso y forzado a nivel argumental. Algunos pocos celebraron, aunque escasamente, el artificio lipográfico, la ablación total de la vocal más frecuente en idioma francés. Otros, como R. M. Albérès, comentarista de la prestigiosa Les Nouvelles littéraires, ni siquiera repararon en esta ausencia.
Con los años vinieron textos de menor importancia. Algunos casi juegos, como Les Revenentes, (en correcto francés sería les Revenantes, "los que regresan") en el que casi a modo de venganza Perec sólo se permite el uso de una única vocal …la "e" que, claro, regresa. Es, curiosamente, del corpus de esta novela que Perec rescata la frase más bella que jamás haya escrito: "Je cherche en même temps l'éternel et l' éphèmere" (busco al mismo tiempo lo eterno y lo efímero).
Las publicaciones de Perec se vuelven más frecuentes, pero será necesario esperar casi una década para leer la obra cumbre de su narrativa: La Vie, mode d´emploi (traducida al castellano como "La vida, instrucciones de uso"). Con esta novela, Perec se agencia en 1978 el premio Médicis, uno de los mayores reconocimientos literarios en lengua francesa. En sintonía con Marcel Proust, quien recompuso el arte de la novela trabajando la lógica de la narración sobre uno de los dos ejes fundamentales del pensamiento moderno, el tiempo (y su percepción, claro está), Perec se concentra -siempre dentro de una lógica altamente parametrizada- sobre la segunda de las dimensiones pregnantes en la cosmogonía de la modernidad: el espacio. La vie… toma como hilo conductor ya no una historia, una secuencia de acontecimientos hilvanada en el eje temporal, sino un espacio. La narración perecquiana es inmersiva e implosiva, y se apoya en la descripción de espacios y objetos que existen en un tiempo prácticamente congelado.
Tras la publicación de La vie…, la ausencia de la "e" en La disparition comienza a ser releída en función de una topografía. Lo que en un principio había sido tomado como una mera anécdota -la desaparición calculada de la "e"- se convierte de esta manera en una pieza fundamental, la clave de una desaparición en un mapa lipogramático.
Georges Perec
Hipótesis sobre un regreso.
Desde que reapareció la primera de las "e" en octubre, los febriles exégetas perecquianos no descansan. En sus páginas web, dominadas por los juegos que más disfrutaba su maestro y mentor (Perec diseñaba las palabras cruzadas para varias revistas, y era amante de anagramas, palíndromos y toda clase de juegos de palabras), abundan ahora también las hipótesis que proponen comprender el retorno de la vocal perdida. Entre las más interesantes hay tres especulaciones que merecen la pena ser rescatadas. De más a menos probables, las detallamos a continuación:

La traición del OCR: Bailly asegura en La Boîte à écrire que es posible que la reaparición se deba a la falla en un programa que se utiliza comúnmente en las imprentas para leer y reconocer textos escritos de modo automático, el OCR (Optical Character Recognition). Claro, después habría que contar sólo un error humano en la edición, el del que pasó por alto tres inesperadas reapariciones (si no más). Esta hipótesis no responde claramente al reemplazo de la primera de las "e", ya que supone que el programa cambió arbitrariamente las tres letras de "dormait" por una sola en "dorme".

La broma insidiosa: alguien en Floch, la casa a la que Gallimard le encargó la tirada defectuosa, le habría jugado una mala pasada a la editorial y, al modo de la historia sobre el cerco de Lisboa, que cuenta Saramago en su novela, alguien habría introducido un error que suponía imperceptible. El bromista no habría tomado en consideración la cantidad y fidelidad de los adeptos al escritor francés.

La profecía autocumplida / el clinamen: ésta es la más interesante de las tres hipótesis y se basa en un texto que escribiera el propio Perec en 1973, un año después de Les Revenentes. En el Rêve 95 de su libro La Boutique obscure, L'hipothalamus, el escritor cuenta un sueño recurrente: "…encuentro muchas 'E' en La Disparition. / ¡Primero una, después dos, después 20, después mil! / No puedo creer lo que ven mis ojos. / Hablo de esto con Claude / se podría pensar que sueño / Miramos de nuevo; más "e" / ¡Todas juntas! […] ¿Cómo es que nunca nadie se dio cuenta?"
¿Podría el mismo Perec haber jugado esta broma a sus lectores? ¿Habrá decidido él la incorporación de una "e" en su novela varios años después de la publicación? Muchos descartan la intervención póstuma de Perec sobre la edición por improbable. Sin embargo, una entrevista publicada en Le Magazine litteraire nro. 141, en octubre de 1978, abre aún más los signos de pregunta. En ella, Perec explica: "cada vez que se quiere aplicar un sistema hay algo que se resiente. Para poder funcionar con libertad interna, es necesario introducir voluntariamente un pequeño error. Es conocida la frase de [Paul] Klee: 'El genio es el error dentro del sistema' [...] es esta intervención lo que los Oulipianos llamamos clinamen".

Clinamen o no, la edición intervenida de La disparition camina con los osos panda, los huevos Fabergé y la capa de ozono, por las vías de la extinción. La novela ya no se consigue en las librerías francesas, aunque algunos especulan con que unos pocos ejemplares (que originariamente costaban 8,5 Euro) están desembarcando en librerías extranjeras. En Gallimard, sin embargo, nadie da respuestas a estas preguntas. Pero lo que sí conceden es que, posiblemente, esta tirada se convertirá pronto en un artículo de colección. Así que, fanáticos, a revolver las bateas de las librerías importadas, porque los perecqueanos previsores, seguramente, ya se habrán agenciado su propio ejemplar.


La disparition / El secuestro
Cuando el 3 de marzo de 1992 Tomás Eloy Martínez escribió en la revista Primer Plano que La disparition era un texto imposible de traducir, seguramente ni sospechaba que en ese mismo momento y desde hacía dos años, un equipo de cinco traductores nucleados en la Universidad Autónoma de Barcelona trabajaba en la extraña adaptación de esta novela al Castellano. Claro, en el original francés, el texto de Georges Perec incorpora todas las vocales menos la "e". Pero en su traducción, el equipo optó por eliminar ya no la "e", sino la vocal equivalente a ella en frecuencia en el idioma español: la "a". Los resultados de este esfuerzo de más de siete años componen el libro que publicó Anagrama bajo el título El secuestro, en 1997.
El trabajo de traducción requirió, en primer lugar, la adaptación de los nombres de los personajes. Por caso, Anton Voyl (voyelle significa vocal en francés), muta a Tonio Vocel, en la versión castellana. La desaparición del quinto capítulo de la versión francesa (la "e" es la quinta letra en el abecedario francés) es reemplazada por la supresión del primer capítulo en la traducción al español (el lugar faltante es el de la "a").
Por lo demás, la complejidad de la trama se mantiene de un modo efectivo en la réplica al castellano, lo que resulta prácticamente milagroso. En ambos textos, original y español, la vocal faltante se convierte en un elemento estructurante, como explica Hermes Salceda .
La novela es, básicamente, la historia de una serie de desapariciones misteriosas. Los personajes principales descienden de una tribu de Turquía compuesta de 26 miembros. Cada uno de ellos suele tener una prole numerosa, hasta de seis descendientes. Pero para evitar la disminución del patrimonio, la herencia sólo pasa a manos del primogénito, provocando una serie de luchas intestinas feroces, asesinatos y muertes extrañas. En tal contexto, la madre de un líder del clan da a luz a tres gemelos. Y, ante la inminencia de la muerte de dos de ellos, sin contarle a su marido, decide entregárselos a la nodriza, quien escapa con los hermanos. Cuando la tribu descubre el engaño, decide matar al heredero que hasta entonces era considerado el único legítimo. El padre, lleno de furia, decide vengarse de sus dos hijos prófugos y de toda su descendencia. Algo que sólo a Perec podía habérsele ocurrido de esa manera.


Un cabello, unos ojos
En la iconografía de Georges Perec pueden inscribirse, sin dudas, un par de ojos verdes fulminantes, una explosión en mata de cabello rizado, crespo, al estilo Sai Baba, todo eso amalgamado en una sonrisa de argamasa, entre juguetona y ausente. El escritor más original que diese Francia en la segunda mitad del siglo XX, el dueño del premio Médicis -el mayor en lengua francesa- de 1978, sin embargo, no siempre se vio igual. Al escribir su primera novela, Les Choses -un trabajo que le valió el premio Renaudot-, Perec tenía el cabello casi al rapé. Usaba saco y a veces corbata, y aseguraba no ser un literato y verse mucho más como sociólogo (título al que, por lo demás, jamás accedió formalmente). Durante muchos años, Perec trabajó como archivero en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas en París (CNRS), y fue recién en 1977 que logró que un editor, Paul Otchakovsky-Laurens, le pasase una mensualidad por derechos de autor. De inmediato, Perec pudo abandonar su trabajo en la CNRS y dedicar el 100% de sus horas a armar crucigramas (su pasatiempo predilecto) y escribir. Su vida consagrada a la literatura, sin embargo, se apagó pronto. Atacado por una enfermedad incurable, murió el 3 de marzo de 1982, a pocos días de su cumpleaños número 46.
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Sumario
lecturas
   Georges Perec
entrevista
   Antonio Birabent
   Arturo Pérez-Reverte
   Javier Lecumberri
perfiles
   Steven Stapleton
discos
    Jesse Sykes
    !!!
    Wilco
shows
    Ravi Coltrane
    Ed Motta
teatro
   Catch
vinos
   Vino blanco
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